En nuestra sociedad, la mayoría de las relaciones o intercambios se configuran entorno al poder más que en base al amor. Así venimos funcionando desde hace miles de años. Hasta el punto que no identificamos como violentas muchas actitudes y conductas que sí lo son. Es difícil no funcionar así, incluso en la relación de pareja y en las relaciones con los hijxs.
La relación terapéutica no es una excepción, muchas veces gana el poder, y en él hay implícita cierta violencia.
Para que en la relación terapéutica pueda circular el amor, es necesaria una revisión constante por parte del/la terapeuta.